Christian Gálvez desvela los secretos de Leonardo

Christian Gálvez desvela los secretos de Leonardo

Nadie diría que el presentador de ‘Pasapalabra’, Christian Gálvez, lo sabe casi todo de Leonardo da Vinci y el Renacimiento. Pero así es. Desde el año pasado forma parte del grupo mundial de expertos que trata de esclarecer los enigmas que rodean la figura del genio renacentista, para lo cual se vale de la ayuda de historiadores y académicos, como de sinergólogos (especialistas en los gestos) y técnicos de morfopsicología de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. Lleva intentando desentrañar los misterios del sabio florentino desde hace nueve años, para lo cual dedica cada día un promedio de cinco horas al estudio. Gálvez (Móstoles, 38 años), que es miembro del Leonardo DNA Project y comisario de la exposición ‘Leonardo Da Vinci. Los rostros del genio’, que se inaugurará dentro de dos semanas en Madrid, acaba de publicar ‘Gioconda descodificada. Retrato de la mujer del Renacimiento’ (Aguilar). Para el escritor, «si no hubiera sido repudiado por bastardo, Leonardo da Vinci habría acabado siendo un vulgar notario de Florencia, como lo fueron su padre y su abuelo».

Hijo de ‘ser’ Piero da Vinci y Caterina, una esclava campesina de la que se piensa que tenía un origen árabe, al niño no le quedó otra que ser un autodidacta. Su padre ya había apalabrado un matrimonio ventajoso con otra familia, de modo que el niño no heredó el oficio familiar ni pudo estudiar las materias de la gente instruida de la época: latín, griego y matemáticas.

«A Leonardo da Vinci todo le salía mal y murió como un perdedor»

Genes árabes

Sobre la verdadera identidad de ‘La Gioconda’ han corrido ríos de tinta. Con todo, hay una cosa que Gálvez tiene claro: la mujer retratada no es Lisa Gherardini, ni el cuadro lo encargó su marido, Francesco di Bartolomeo del Giocondo, un mercader dedicado al comercio textil y de la seda. No hay unanimidad sobre quién fue la modelo que pintó Leonardo, si bien el experto cree que dentro de las hipótesis que se manejan, «la que más se aproxima a la verdad es la que apunta a que se trata de su madre. «No soy taxativo. Se han estudiado las huellas dactilares de Leonardo y se ha descubierto que hay más de un 30% de genes árabes. Lo que sí he hecho ha sido bucear por apuntes de notarios, libros de entierros, de muertos y descripciones. Lo cierto es que las esclavas árabes en la Florencia del Renacimiento se depilaban las cejas. Además, Caterina encaja dentro de nombres de las esclavas orientales cristianizadas. Es imposible saber al cien por cien su identidad verdadera», argumenta el escritor y presentador.

En cambio, sí descarta que ‘La Gioconda’ se inspire en un autorretrato del propio Leonardo, toda vez que las fechas no cuadran. La estampa de esa cabeza de viejo barbudo de pelo largo y cejas pobladas no se ejecutó inspirándose en un dibujo original del pintor, sino en una copia que apareció en 1810. «La ‘giocondolatría’ surge no en el Renacimiento, sino a finales del siglo XVIII y finales del XIX. Antes fue un cuadro ninguneado. El lienzo empieza a ser reivindicado en el Romanticismo, sobre todo por Francia».

Es una paradoja, pero el anatomista, arquitecto, paleontólogo, ingeniero y muchas cosas más no gozó del reconocimiento en vida. Hijo ilegítimo, iletrado, disléxico, bipolar y con déficit de atención, el artista «fue un fracasado». «No triunfó en Vinci, ni en Florencia, Milán, Venecia o Roma. «Todo su trabajo se perdió y solo empezó a recuperarse cuando ya existe la Revolución Industrial. Todo le salía mal y murió como un perdedor. Cuando el Papa le pide a Florencio de Médici que reclute a los mejores pintores florentinos para decorar lo que será la bóveda de la Capilla Sixtina, envía a Perugino, Ghirlandaio, Botticelli o Pinturicchio, pero no a Leonardo. Cuando se fue a Milán a construir la estatua ecuestre más grande del mundo para los Sforza, no puede porque la ciudad fue reventada por los franceses. En Roma, ya estaban Miguel Ángel y Rafael. Únicamente al final de su vida, al amparo y cuidado del rey francés Francisco I, quien le dio carta libre, hizo lo que quiso».

«A diferencia del Louvre, el Prado ha tenido la valentía de restaurar su ‘Gioconda’»

Abstinencia sexual

Mucho se ha hablado de la homosexualidad de Leonardo, pero también esto es dudoso. «A los 24 años fue acusado de sodomía y absuelto. Gran parte de su vida íntima permanece oculta. A la luz de sus cuadros, se observa que Leonardo no tenía un conocimiento muy preciso de los genitales femeninos. «Practicó el celibato durante toda su vida desde que se tiró dos meses en la cárcel por una acusación sin pruebas. Llega a escribir que si de él dependiera, la continuidad de la especie humana se acabaría antes de acometer un acto tan atroz como el sexo. Los cuerpos que dibuja son anatomía pura y dura».

También llama la atención que Leonardo se considerara antes un científico que un artista. Pintaba porque daba dinero, pero lo que en verdad le gustaba era la observación. Fue perseguido por diseccionar cadáveres. Así, el Leonardo científico escrutaba los movimientos del agua mientras el Leonardo artista empleaba esos experimentos para aplicarlos a sus bocetos y recrear con fidelidad las ondas de los mechones de pelo de los retratos.

– ¿La sonrisa de ‘La Gioconda’ es un gesto impostado que revela incomodidad o es realmente natural?

– He vuelto a trabajar con los técnicos de sinergología y morfopsicología de la UCO de la Guardia Civil y hemos hecho un análisis de las sonrisas. Si se tapa la boca y se observan los ojos del retrato, vemos que en el cuadro la mujer no refleja placer ni felicidad. Leonardo no se cansó nunca de buscar el alma. No sabemos si la sonrisa es de incomodidad, pero sí de cortesía.

– ¿Qué le parece ‘La Gioconda’ del Prado?

– Es espectacular y brillante. El Prado nunca ha vendido su ‘Gioconda’ como una obra de Leonardo, sino como un retrato salido de un taller o de discípulos, lo cual es un ejercicio de sinceridad. Además, ha tenido la valentía de hacer lo que no ha hecho el Louvre, que es restaurarlo. El paisaje, la tridimensionalidad, la calidad del ‘sfumato’ son magníficos.

«Si no hubiera sido un hijo bastardo, habría acabado de notario»

Si en vida fue ignorado, a los 500 años de su muerte, que se cumplen en 2019, Da Vinci ha sido elevado a los altares. El año pasado un príncipe saudí se adjudicó en una subasta el ‘Salvator Mundi’ por 381,2 millones de euros. Gálvez duda mucho de que de verdad haya sido ejecutado por el florentino. «Una obra de arte vale lo que uno quiera pagar por ella. Pero 450 millones de dólares no hacen de un cuadro un ‘leonardo’. Si se observa la pintura antes y después de la restauración, se constata que es una chapuza, tiene numerosos errores. El 99% de los eruditos no lo atribuyeron a Leonardo, salvo el especialista Martin Kemp».

El robo del cuadro más famoso de Da Vinci en 1911 acrecentó su leyenda y su halo esotérico. A ese aliento enigmático contribuyó el propio Leonardo, a quien le apasionaban los jeroglíficos y las alegorías. Según algunos especialistas, llegó a coquetear incluso con la magia negra. La pintura fue sustraída por un extrabajador del Louvre, Vincenzo Peruggia, quien justificó su acción apelando a motivos patrióticos y a su deseo de que la obra regresara a Italia. «Iba mucha más gente a visitarla cuando no estaba que cuando estaba».

Pese a ser todo un experto, Christian Gálvez nunca ha podido ver bien ‘La Gioconda’ a solas. «El cúmulo de turistas con los móviles lo impide. A lo mejor hay gente que me insulta por lo que voy a decir, pero donde mejor se ve un cuadro es en un libro, aunque dónde mejor se siente es en persona», arguye el escritor.

Fuente: lasprovincias.es